lunes, 14 de mayo de 2012

La promesa de Elías

Elías es el niño más bonito de la escuela, él está en 3B y aunque no compartimos salón en uno de los recreos su sonrisa me enamoró. En realidad él siempre buscaba mi mirada mientras jugaba fútbol, hasta que un día de tantos la encontró.

Yo siempre me sentaba en la tercera banca del coliseo y me ponía a dibujar mientras el resto de mis amigas hablaban de cosas de mujeres, de los ojos azules de Pablito y los rizos dorados de Luisito.

Y entonces fue cuando lo vi, él pateaba el balón y al devolverse me miraba con atención, yo voltee y en su sonrisa me enredé ¿por qué nunca me di cuenta de lo dulce de sus ojos color miel o de su cabello negro liso que se mueve al correr?

Desde ese día Elías comenzó a perseguirme incluso en los sueños, si cerraba o abría los ojos igual su imagen seguía ahí. Mientras pasaban los días crecía la cuenta de sus pequitas, incluso hasta su pancita redondita lo hacia estar más cerquita de mi vida.

Él fue quien un día me habló y yo casi casi quedo sin respiración, pero un nuevo aliento más puro y más feliz a mi cuerpo entró. No se cansaba de decirme lo linda que era y todos los días una notita para mi tenia, un corazón con su nombre y el mio, una promesa de amor eterno porque lo dibujaba con tinta una que nunca se quita.

Al pasar de los días mi amor crecía y entonces era yo la que no se cansaba de decirle lo feliz que me hacia. Pero un día comencé a sentir que Elías ya no me quería, cartitas ya no me hacia, ni me decía lo linda que me veía, ni siquiera sonreía.

Pero yo no era nadie para obligarlo a estar junto a mí, seguro Elías había encontrado otra sonrisa más bonita, así que me fui alejando, sin hacer daño.

Un día Elías me preguntó porqué ya no lo miraba, ni sonreía y con el corazón arrugadito como una bolita de papel le tuve que decir que simplemente ya no lo quería, aunque por dentro solo soñaba con su sonrisa.

La tercera banca del coliseo quedó vacía, pero Elías lejos de mi sonreía, por otra mirada, por otra experta contadora de pequitas, por otra enamorada de su barriguita. Yo solo guardaba las cartitas, pero un día una en el agua se cayó y cuando la levante la tinta parecía derretirse y desaparecer, como el brillo en la mirada de Elías.

Y entonces otro corazón decidió pintar, pero esta vez mi nombre no estaba junto al de él. A Elías el de 3B su amor le duró lo mismo que la tinta en el papel en el que un corazón dibujó la primera vez que a los ojos me miró.