Ayer pude verte a través de esa caja engañosa, que parece tenerte tan cerca de mí y que al mismo tiempo te vuelve absurdamente frio, distante e inalcanzable.
Me miras fijamente, como si estuvieras convencido que en algún lugar del mundo, tu imagen lejana traerá momentos cálidos a mi recuerdo. Sonríes y levemente aprietas tus labios, esos dulces labios que recorrían todo mi cuerpo y saboreaban mi piel.
En tu rostro siento un aire de tristeza y es que quisiste borrar nuestra historia de un soplo , trataste de limpiar de tu cuerpo una a una las huellas imborrables que deje en ti y creíste que la vida, después de cruzar dos destinos, sigue su camino como si nada hubiera sucedido.
Ahora un fantasma interrumpe tus sueños y los recuerdos elevan tus pensamientos, a un cuarto de hotel donde los dos quemamos un mundo, con el fuego de la pasión, la lujuria y el miedo.
Ese espectro se alimenta de memorias, de añoranzas y pecados; de bajos instintos, de excesos y cuernos; de sentimientos prohibidos, de terror y arrepentimientos.
Somos presos de un momento, que por más que lo intentes es imposible eliminar de tu recuerdo.
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