Recorro las calles que se han grabado durante años en mi cabeza, es como un círculo vicioso en el que el final no es más que el mismo comienzo. Vivir resulta siempre tan confuso y agotador, todo para detenerse y aceptar que al parecer no sabemos ni quiénes somos.
Y ahora estoy detenida aquí, tratando de entender los rostros ambiguos de quienes pasan frente a mí, tratando de entender lo que me rodea, el mundo entero. Difícil es sentirse fuera del sistema, no comprender ni ser comprendido, actuar y parecer inconforme con todo, como queriendo tener un botón que nos regrese al pasado y corregir uno a uno los errores.
Solo me pregunto si mis dudas son un problema tan grave, como los que parecen tener los “otros”. Miro ese hombre de traje que camina despacio y entierra su mirada en el suelo, como queriendo abrir un hoyo tan grande que lo pueda succionar y desaparecer de lo que parece una película de horror; por mi mente pasan mil hipótesis de lo que le puede suceder, por ejemplo el sudor en su frente parece indicar que debe tomar una decisión importante y la manía de mover su argolla de bodas hacia arriba y hacia abajo, deja claro que se trata de su esposa y alguien más que llegó para confundir su mundo.
Pienso en su esposa, esa mujer que le ha entregado su vida entera, que seguramente ha criado sus hijos y lo ha esperado cada noche para escucharlo, mimarlo y darle un poco de apoyo cuando todo parece estar mal; también pienso en ella, la que todos llaman la “otra”, la que seguramente ha vivido su lado amable, la que tal vez solo lo quiere por interés, aunque en realidad ese hombre no parece tener dinero, entonces es más probable que aquella mujer se enamoró, que nunca escucho y tampoco dio explicaciones, pero que quedo encerrada en la magia de sus hermosos ojos azules.
De repente mi cabeza hace clic y reacciono, él me observa curioso y sonríe, yo solo bajo la cabeza apenada, seguramente llevo varios minutos mirándolo mientras mi loca imaginación voló hasta Plutón. Es probable que el sudor sea solo la muestra de las muchas calles que ha recorrido y el sube y baje de su argolla, solo sea la consecuencia de los muchos años que lleva de casado y de los cuantos kilos que ha subido desde aquella vez, motivo por el que su argolla cada vez es mas estrecha.
Siento la incomodidad de cuando me observan fijamente, con una mirada penetrante; alzo mi cabeza y es él, al que seguramente le parecí curiosa y por eso decidió sentarse frente a mí, para fastidiarme con esa misma mirada acosadora que yo le lance mientras caminaba. En un instante nuestras miradas se encuentran frente a frente y puedo apreciar mejor, sus profundos ojos azules; él sonríe y parece como si una fuerza desconocida se desprendiera de esa sonrisa y llegara hasta mi rostro, para hacer aparecer la mía.
Se levanta y sigue su camino, yo lo acompaño con mi mirada hasta que su imagen se pierde en el horizonte y entonces entendí, que esa historia que yo imagine era un presagio, donde si nuestros caminos se volvían a cruzar, seria yo esa “otra” que quedaría encerrada en sus hermosos ojos azules.
Una mirada fue suficiente, para sentirme cómoda en este mundo…
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