miércoles, 5 de enero de 2011

Recuerdo

Estar allí me llena de recuerdos, escuchar a Daniel contar historias de cuando estábamos pequeños, de lo difícil que fue enfrentar el amor que sentía por mi;  su memoria hace parecer que fue ayer cuando llegábamos sucios a las 6 de la tarde, después de un día de emocionantes aventuras.
O cuando convertíamos la calle en uno de los mejores estadios de fútbol y me dejaban ganar según ellos, porque ser mujer era una ventaja desde niña. Pero lo que más recuerdo es como iban a buscarme a la casa de mi tío, para nadar un rato en la “piscina” y salíamos de allí disparados y nos comenzábamos a quitar la ropa por el camino, hasta que ellos quedaban en “calzoncillos” y yo en “cucos”, pero cuando no tenia suerte me estrellaba con mi mamá y ella me entraba a pellizcos, recordándome que yo era una niña y que era irrespetuoso andar por la calle desnuda, pero la realidad era que ni mis amigos ni yo actuábamos con morbo, en mi cuerpo ni siquiera habían aparecido algunas formas y de seguro faltaba mucho tiempo para eso, pero ahí estaban los adultos, listos para ponerle malicia a todo lo que no les parece.
La “piscina”… esa que parecía cubrirnos totalmente en esa época y que ahora alcanza con suerte, nuestras rodillas…
También recuerdo cuando nos subíamos a los arboles a bajar frutas y como yo era la más liviana, tenía que sacrificarme por el grupo. Lo más chistoso fue esa ocasión en que uno de mis amigos tiro una piedra al árbol que me tumbo ipso facto y ya en el piso, me despertó con un inocente beso, tal vez el primero, no lo recuerdo, pero seguramente si fue.
A mí también me gustaba Daniel, pero la inocencia de aquella época me hacia feliz tan solo con su compañía. Ya son 17 años desde aquella primera vez en que ellos hicieron parte de mi vida, de mi niñez, de la mejor época que un ser humano puede compartir…de mis inocentes sonrisas, miradas, abrazos, besos…de mis desinteresadas acciones, de mis ganas de volver a tener unas vacaciones para llegar de nuevo a aquel pueblo y verlos una vez más.
Ya son 17 años y por eso aun hacen parte de mi vida, aunque ya seamos unos adultos morbosos, interesados y supremamente diferentes a aquella época. Ellos y yo aun tenemos aquella mirada pura y transparente, que nos afirmaba que ser amigos era lo más importante, no importaba el tiempo ni la distancia. Ellos y yo, aun tenemos un lazo irrompible que explota en una sonrisa inocente que nos hace ser, los mismos niños en grandes cuerpos.
“A mis amigos, ellos que han sido tan reales durante 17 años, que a pesar de la distancia siempre están en mi corazón, que tienen una sonrisa, una caricia y una palabra para alentar, que a veces son olvidadizos…pero que al final los vuelve imprescindibles el recuerdo”   

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