martes, 19 de abril de 2011

Voces

Fuiste la primera voz que se metió en mi cabeza, después de ti llegaron otras un poco más macabras, un poco más intensas. Solo quiero dejar de escucharte, borrarte de esta mente esquizofrénica y vulgar.

Han pasado tantas noches y aún ninguna se aclara, creo que hace mucho tiempo deje de ver. Solo sombras y sonidos, voces acusadoras, melancólicas, cursis…repletas del espectro demoniaco de las Nínfulas de Nabovok; y yo dos o tres veces mayor… ¡estúpida! Soy Nínfula también.

Ya entiendo porque es tan débil la vida, un cuerpo sin alma traído desde el infierno para gobernar, como una doncella sutil y mortal, como veneno y elixir fatal.
Tengo los ojos llenos de fuego y camino por un mundo oscuro, tratando de afinar mis demás sentidos, pero sigues ahí, truncando mi destino. Tu voz opaca mi misión y mi razón.

Entra a mi cuarto, encontraras un cuerpo sobre la cama, delineado en el colchón, ahogado, sumido. Unas cuantas manchas en la sabana, delirios desenfrenados de cada noche, una que otra lágrima y un montón de ambiciones y deseos reprimidos.

Huele a cigarro y alcohol, como en el más nostálgico de los bares bohemios; huele a vainilla y naranja, a sueños y esperanza, a vida y  muerte, a decisiones. En la mesita del lado, está la caja de condones que hiciste  que comprara aquella noche, esperan pacientes por ti, por uno de tantos espermas que el tiempo hizo morir.   

Un cuaderno y unas cuantas pasiones, un deseo y diez mil ilusiones, todos confinados en unas letras, en unas hojas, en una caja que abriga algunos amores.

Tus ojos convocan mi ruina y aunque mi cuerpo agoniza, tu voz se pierde y tu presencia en el horizonte se aleja…solo queda el recuerdo, la visión borrosa de tu paso por la vida, el sonido agonizante en mi cabeza y el olor de tu ausencia.


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