Buscando entre los pensamientos de otros, encuentro caminos hacia ti; parece que los míos reposan en el dolor, parece que los míos se rehúsan a salir si tú no estás, es por eso que en ocasiones la imaginación se torna rebelde y no queda otra salida que robarle versos a Neruda o a cualquier otro doliente que decida hablar por mí.
Hace tanto que no escribo, hace tanto que las palabras y deseos se atoran en el orgullo, en la dignidad ¡maldita dignidad!, la necesitad de creer que somos tanto y al final resulta siendo nada, nada sin ti.
Un espacio, un momento, el deseo de vivir o por lo menos el intento; es difícil concentrarme en el silencio eterno de tu ausencia, me ensordece, me recrimina y me vuelve uno de tantos entes que recorren este mundo.
Un helado sin sabor, una letra sin sentido, una melodía sin ritmo, el horrible aroma de las rosas marchitas…el aroma de la muerte, del final, todo porque no estas.
El amor se acaba cuando el deseo y la llama se apagan, pero ¿si esta llama es eterna? ¿Si es inmune al agua, al aire y a la tierra? ¿Y si se enciende más con el fuego y el amor? Dime que voy a hacer si no logro vivir sin ti, si mis recuerdos son más reales que mi propia vida, si cada caricia y cada beso recorren mi cuerpo una y otra vez.
No puedo amar a un fantasma, pero tampoco quiero tenerte, porque tu amor no es suficiente, más bien es nulo e inexistente, porque amaste a otras antes que yo, tanto que tu alma se fue gastando y al final ya no tenías la suficiente fuerza, ni corazón para amar a quien nació para amarte.
Yo no quiero tus labios si otras los han besado, ni quiero tu cuerpo si otras lo han acariciado, yo no quiero tus ojos si a otras has mirado, yo no quiero tus lagrimas si por otras las has derramado, ni quiero tu aliento si otras te lo han quitado y matare una a una las mariposas que en tu estomago por mi han revoloteado; yo no te quiero a ti si piensas que mi amor no es demasiado.
Yo por ti, mi vida habría dado, si tu fuerza te hubiera hecho reconocer que habías fallado, pero una vez más me demostraste lo poco que sientes por mi ¡maldito corazón cansado! No fui yo quien te lastimó, pero fuiste tú quien me mató.
No hay comentarios:
Publicar un comentario