En sus ojos me di cuenta, que si de alguien debo aprender en la vida, es de él. Que nació para ser mi maestro, mi guía, para darle sentido a la vida y no cometer los mismos errores.
Él se levanta a las 7 am, confundido y asustado, por tener una mano a su lado; me mira con sus ojos perezosos, los abre y bosteza, cuando cierro mi puerta golpea una y otra vez para que vaya a su encuentro.
Él debe conocer el secreto de la vida, porque no importa nada siempre esta sereno y tranquilo, como si un abrazo o un beso, fueran suficiente cobijo para la maldad de este mundo.
Él nunca está solo, por más que nadie le preste atención siempre habla con él mismo y en un instante se pierde, su mente comienza a volar, seguramente su otro yo le cuenta historias de hadas y magos, de gente con alas, de un mundo sin límites.
Él siempre cae, pero si está haciendo algo que para él es importante, con esa misma rapidez se levanta; a veces llora y se queda algunos segundos en el piso, pero cuando se eleva lentamente, se asegura de ya no tener una sola lagrima en sus ojos y seguir como si nada hubiera pasado.
Él quiere muchas cosas y todas las consigue, tiene estrategias infalibles y aunque el enemigo las conozca, nunca se rinde, en su mundo todo es posible; no hay límites, no hay reglas, no hay una sola razón para no hacer lo que desea.
Él siempre tiene una sonrisa, no conoce el significado de un mal día y aunque a veces alguien que ama lo lastime, solo pierde unos segundos para sonreírle otra vez y amarlo de nuevo.
Él no conoce la hipocresía, tampoco la maldad, nunca oculta sus opiniones y tampoco busca herir a alguien más. No sabe de envidias, ni de apostar la vida…seguro le da más valor a su día a día.
Él es tan pequeño y frágil, dicen que aún “no conoce la vida”, pero en cada uno de sus actos, de sus palabras y risas, deja claro que aquel que ama la vida morirá siendo niño.
…a mis sobrinos que nunca pierden su capacidad de asombro y que más que eso, la renuevan en mí. Que me enseñan a amar, a luchar y a valorar cada detalle de un nuevo día…
¡Xavi y Nico, los amo!
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