lunes, 9 de mayo de 2011

Vivir

En sus ojos me di cuenta, que si de alguien debo aprender en la vida, es de él. Que nació para ser mi maestro, mi guía, para darle sentido a la vida y no cometer los mismos errores.
Él se levanta a las 7 am, confundido y asustado, por tener una mano a su lado; me mira con sus ojos perezosos, los abre y bosteza, cuando cierro mi puerta golpea una y otra vez para que vaya a su encuentro.
Él debe conocer el secreto de la vida, porque no importa nada siempre esta sereno y tranquilo, como si un abrazo o un beso, fueran suficiente cobijo para la maldad de este mundo.
Él nunca está solo, por más que nadie le preste atención siempre habla con él mismo y en un instante se pierde, su mente comienza a volar, seguramente su otro yo le cuenta historias de hadas y magos, de gente con alas, de un mundo sin límites.
Él siempre cae, pero si está haciendo algo que para él es importante, con esa misma rapidez se levanta; a veces  llora y se queda algunos segundos en el piso, pero cuando se eleva lentamente, se asegura de ya no tener una sola lagrima en sus ojos y seguir como si nada hubiera pasado.
Él quiere muchas cosas y todas las consigue, tiene estrategias infalibles y aunque el enemigo las conozca, nunca se rinde, en su mundo todo es posible; no hay límites, no hay reglas, no hay una sola razón para no hacer lo que desea.
Él siempre tiene una sonrisa, no conoce el significado de un mal día y aunque a veces alguien que ama lo lastime, solo pierde unos segundos para sonreírle otra vez y amarlo de nuevo.
Él no conoce la hipocresía, tampoco la maldad, nunca oculta sus opiniones y tampoco busca herir a alguien más. No sabe de envidias, ni de apostar la vida…seguro le da más valor a su día a día.
Él es tan pequeño y frágil, dicen que aún “no conoce la vida”, pero en cada uno de sus actos, de sus palabras y risas, deja claro que aquel que ama la vida morirá siendo niño.
…a mis sobrinos que nunca pierden su capacidad de asombro y que más que eso, la renuevan en mí. Que me enseñan a amar, a luchar y a valorar cada detalle de un nuevo día…
¡Xavi y Nico, los amo!

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