viernes, 24 de septiembre de 2010

De una pasión

Y uno a uno los pedazos, parecen formar un corazón…
La puerta se abría y junto a ella, como en una procesión de ángeles entraba Jorge, mi maestro de Administración, como siempre peleando con él mismo, por las cosas que le salían mal o por no tener la capacidad de despertar interés real en alguno de sus alumnos.
Jorge empezaba la clase diciendo: ¡la pasión es lo que mueve al hombre! Nunca lo olviden, sin pasión por lo que hacen, ustedes simplemente son alguien más en el mundo; se ponía sus lentes, recargaba una de sus piernas en el pupitre y movía sus manos para acentuar la importancia, de cada una de las cosas que decía; y yo simplemente perecía de amor, en el último puesto de la quinta fila del salón de clases.
Una vez vi una película en la que el actor principal decía: “la belleza esta en los ojos de quien la mira” y con Jorge entendía muy bien ese concepto; cada parte de su cuerpo, era una armoniosa melodía y mientras yo me perdía en su dulce y masculina voz, el se acercaba a mí, sin darme cuenta, ponía fuertemente la mano sobre mi pupitre y gritaba: ¡señorita Rodríguez ponga atención!....jajaja….que tonto era el profe de administración, que no se daba cuenta que la señorita Rodríguez, como él me llamaba,  era la única que realmente le ponía atención, pues nadie aparte de mi, era capaz de decir que: su cabello negro brillaba como ninguno y que a pesar de sus años, las canas parecían no querer salir, que sus ojos miel endulzaban mis mañanas, pero que a pesar de su hermosura, sin lentes parecían no ser nada; el espíritu joven se reflejaba en su sonrisa, que de vez en mes salía, cuando a su mente llegaba una que otra picardía, los hoyuelos en su mejilla casi no se percibían, pero a mí, con mis ojos de enamorada, ningún detalle se escapaba.
Él administraba en mi, cada sentimiento y se posaba en mi pensamiento, como una mariposa; Jorge me enseño cada comienzo y cada fin. Jorge hizo que la señorita Rodriguez, la del último puesto de la quinta fila del salón de clases, entendiera que si la pasión era lo que movía al hombre, él amor era esa pasión por la que debería llegar al corazón de su profe de administración.

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