El doctor dice que no tengo nada, que los exámenes salen bien, que ni siquiera yo puedo explicar lo que siento, que así es difícil; que me tome este analgésico a ver si se me pasa el dolor, que no me preocupe, pero como no preocuparme si siento que la tráquea se cierra, que se acaba el oxigeno, que me come la tierra…
Siento que algo arde, ahí en ese lugar, en medio del pecho y la panza…en eso que llaman alma; siento que es devorada por las llamas, que poco a poco se calcina. Además el corazón ha parado de latir y a veces se acelera hasta estallar ¿eso es normal?
La cabeza me duele, ya no puedo pensar, los recuerdos llegan y apuñalan mi cerebro; se comen una a una las neuronas y han mandado a la luna a mi musa. Sé que es muy raro, tal vez no es cáncer, pero puede ser una enfermedad poco común, como esas que salen en la televisión y que son descubiertas cuando es muy tarde…
Mi madre ha llegado a otra conclusión, ella dice que yo no necesito una cura corporal, que los médicos nunca encontrarán la enfermedad, que lo mío es más grave, que mata lentamente y se toma el tiempo para hacer añicos la razón…
Lo mío es una herida de amor, que ensucia el alma, la conciencia y la tranquilidad, que borra cualquier buena intención, que enceguece, que envenena…lo mío no lo cura nadie, solo se silencia poco a poco…
Quien iba imaginar, da vida y también la quita. Maldito Cupido, que arrebata una flecha y deja la otra…
Yo esperare paciente el preciso momento, en que se acuerde que la mia sigue enterrada, justo aquí, en el corazón…la sacaré de un solo tirón y se la clavaré lentamente en las entrañas y así mismo se la arrancaré, para que se dé cuenta que la enfermedad que él vive esparciendo por el mundo, es realmente mortífera cuando se convierte en dolor…
“Al maldito Cupido, que no hace bien su trabajo….es el único culpable!
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