Qué bueno es verte de nuevo, saber que aunque desaparezco tú siempre me regalas una pizca de realidad; realidad que me quita esta adolescencia maldita, prolongada, extensa…de un cuerpo ya cansado, que acelera y frena de manera absurda.
Sigo siendo la misma nómada que nunca se cansa de volver, pero sin embargo aventura en otros brazos, en otros labios, en otra piel, que nunca tendrán el mismo sabor de los tuyos, el mismo olor, la misma tu suavidad.
No es que no valore tu presencia, siempre agradezco a Dios por los días que te da de vida, es solo que soy un adoquín, que ignora lo esencial que eres para que el mundo pueda llegar a ser un lugar mejor, para que las flores retoñen o se salve una vida entre la falta de ganas por vivir.
Soy esa clase de persona que siempre busca excusas para maldecir la vida y tú llegas para truncar mis propósitos y darle sentido a la rutina que es, respirar una vez más. Llenas de significado palabras inconclusas, irreales…como el amor, la felicidad, el placer, la gloria, el gozo…y por eso huyo, porque destruyes todo aquello que se supone debo ser y me conviertes en una persona totalmente loca por ir al cielo en cada una de tus miradas.
Culpa es lo que siento…soy culpable de ser feliz, mientras otros mueren de dolor; soy culpable de vivir en un paraíso, mientras otros perecen en el infierno. Eres mi heroína, y aunque en ocasiones trato de rehabilitarme, no hay manera de escapar de mi adicción que eres tú y siempre vuelvo al mismo lugar donde una y otra vez vuelvo a ser mujer….¡TU PIEL!
logras que cada palabra tuya se fusione en mis oídos representados por mis ojos y haga una enorme masa de sentimientos que se quedan atrapados en mi cabeza y causan un movimiento involuntario respiratorio, un suspiro de deseo y aspiración por volverte a escuchar con la vista... me fascina como escribes aparte de que me fascinas tu...
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