Él le robo los ojos a la luna y el brillo de las estrellas, se atoro en las rejillas de sus dientes y cada vez que sonríe, encandelilla mi vida de felicidad…
A él lo conocí en las nubes, en esa orilla donde el aire tiende a suicidarse y la lluvia nunca se evapora…
Llegó porque el cielo lo quiso así, porque está escrito que cada 200 años debe nacer un amor real y eso es lo que pretendemos construir…
Aterrizó en una estrella fugaz, justo en el mar de mis pensamientos; en el océano de mis ideas, donde se quedo con su profundidad…
Nunca fue mio, ni siquiera estuvo en mis sueños, pero Dios reescribió nuestra historia para que amaramos la casualidad…
Casualidad de tenerlo ahora, de regalarme en un beso un soplo mas de vida, de darle un nuevo sentido a lo hermoso, a lo vital…
La casualidad me ayudo a entender, que antes podía vivir sin él, pero ahora no quiero hacerlo y seguramente el sol no saldría nuevamente en mi ventada, porque cada uno de sus rayos me recuerda a él…
Como dice Ismael es un destello de felicidad, un destello de felicidad permanente, porque la casualidad vuelve lo improbable una realidad…
Y soy la mas orgullosa de las mujeres, no por tenerlo, sino porque quiere compartir conmigo uno más de sus suspiros…
No hay comentarios:
Publicar un comentario