sábado, 4 de diciembre de 2010

Lección de Amor

Eres justo como aquel niño de la escuela que se sentaba unos puestos tras de mí, dejando en cada mirada su alma y esperando que cada suspiro recorriera ese camino que parecía eterno y me susurrara al oído lo mucho que me quería.
Fue un lunes el que decidí encontrar esa acosadora mirada que me había acompañando por años y fue entonces cuando descubrí en Juan, una sonrisa del tamaño de la luna. Yo sonreí y él dejo escapar su mirada tímida y enamorada.
Algunas formas de mi cuerpo necesitaban aparecer antes de conocer el amor, pero Juan era tan seguro para su edad, que decidí darles tiempo de aparecer en el proceso.
Él me llevaba a conocer las estrellas que se peinaban, reflejándose en el mar; decía que los suspiros son la timidez del alma, que trata de hablar, pero se queda callada ante un formidable suceso, seguramente su alma tenía muchas cosas que decirme, porque sus suspiros silenciosos se hacían presentes, cada vez que yo apretaba su mano.
Él me enseño muchas cosas, por ejemplo decía que el amor existía, pero que solo se les había otorgado a algunas personas que eran capaces de dar sin condición su corazón y a pesar del final, seguir sonriendo.
También me enseño que la pureza del hombre se conocía en sus ojos; creó en mi la manía de mirar a una persona fijamente cada vez que me hablaba y mucho más cuando esa persona me hacia promesas.
Juan volvía chicos el océano y el cielo, pues sus ojos y sonrisa contenían su infinita paz y belleza. Pero un día sus ojos se apagaron y con ellos se llevaron todo aquello por lo que un día fue feliz.
Nunca creí volver a encontrar una persona igual, hasta que mire tus ojos fijamente y encontré en ellos una belleza y una paz aun más fuertes que la de Juan.
Después de aprender todo lo que aquel niño de escuela, inocentemente me enseño, vienes tú para poner en práctica la lección y hacerme entender que lo único real que me puedes dar, son esas ganas infinitas de aprenderte a conquistar.
te regalo un suspiro cada vez que pienso en ti, mi alma tiene mucho por decir. Te regalo una mirada fija seguida de promesas que nunca romperé. Pero principalmente te regalo un corazón que sonreirá cada vez que piense en ti, sin importar cual sea su fin”

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