Una y otra vez vuelve a mí, ese dolor que se hace repetitivo y constante, que me hace tan débil como cualquier mujer, que me arranca una lagrima y que vuelve mudos mis suspiros.
Es como si la vida se empeñara en hurgar mis entrañas y apuñalar mi corazón, como si las flechas de Cupido solo rozaran mi alma, pero nunca la atravesaran.
Esta maldita manía de morirme en mi pensamiento más básico y de suponer lo que piensa y siente la gente.
Ahora entiendo porque algunas personas deciden morir tan jóvenes, porque las aprisionan sus ideas y no son más, que esclavos de una utopía a la que llaman libertad.
Quiero ser tan normal como aquellos que no piensan en el mañana y que están lejos de añorar el pasado.
Quiero trascender sin necesidad de sacrificar sentimientos, quiero escribir sin necesidad de sentir como mía cada una de estas letras, pero ¿cómo cambiar lo que soy, si es precisamente eso lo que me hace ser yo?
Solo quiero sentir que las ideas no aplastan mi cabeza ó por lo menos dejar de pensar las cosas negativas, que al final terminan siendo predominantes.
Solo quiero cerrar los ojos y poder volar, tan alto como mis pensamientos; pasar del dicho al hecho, dejar el suelo para aterrizar en esa estrella que ilumina cada uno de mis sueños.
No quiero dejar de soñar, es mi única misión en la vida y sin ellos, no soy más que uno de tantos transeúntes que camina por esos oscuros callejones sin salida, de los que está repleta la vida.
Si los hombres son de Marte y las mujeres de Venus, seguramente yo hice un gran viaje desde Plutón; ese planeta debe ser habitado por gente como yo, que vive, muere y resucita en un silencioso suspiro.
Y después de tanto pensarlo, acepto todo lo que soy, aunque un ser humano normal no pueda sobrellevar mis dolores y mis alegrías, que siempre buscan una respuesta, que solo un ser superior puede tener.
Agradezco a Dios mis debilidades y fortalezas, aunque a veces (como ahora) quiera asesinarlas una a una; pero no tengo nada más, es lo único real, eso que me hace única, lo único que le da sentido a mi trascendental paso por este mundo.
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