Si un día decido escribir un diario seguramente contendrá la belleza de todo aquello que un día vi, al pasar los años.
Indudablemente escribiré sobre la primera vez en que mis ojos entendieron la palabra amor en la sonrisa de mi madre, la palabra protección en el abrazo de mi padre, la palabra incondicional en la caricia de mis hermanos y la palabra responsabilidad en el apretón de manos de mis sobrinos.
También escribiré sobre el día que supe que Dios existía, cuando vi el arcoíris o cuando trate de empinarme mucho mucho, para tocar el cielo y nunca pude por más que crecí. Cuando trate de fotografiar la línea que se traza en el horizonte del mar y por más zoom que ponía, nunca le vi el final. Seguramente recordare su presencia ese día en que por un minuto tuve paz, después de durar horas llorando por pequeñeces que atormentaban mi alma.
Si un día decido escribir un diario estarán consignados allí, los mejores días de mi vida: el 23 de septiembre de 1992, el 26 de julio de 2005, el 06 de octubre de 2008 y el 21 de febrero del 2012, pues tuve la fortuna de encontrar en los ojos de mis sobrinos, el milagro inmenso de vivir.
También escribiré sobre mis amores, mis desamores, mis fracasos, mis luchas; sobre todo contare esas ideas locas que inundaban mi mente, lo extraña que me sentía en este mundo y las personas con las que podía sostener una conversación “inteligente”, esas conversaciones que tanto amo.
Aunque no tengo muchos recuerdos de mi niñez, probablemente describiré mi primera cicla, mis primeros patines y las grandiosas notas que tuve durante toda mi colegiatura, que siempre me ubicaron en el primer lugar.
Si un día escribo un diario, definitivamente tú nombre estará encerrado junto al mio, en un corazón flechado, porque eso hacen las princesitas cuando son rescatadas del cuarto más alto de la torre, por su príncipe azul.
Si un día escribo un diario pondré textualmente “hoy después de 70 años de darme cuenta que amo escribir, quisiera dejar estas líneas como pruebas fehacientes de que no lo hago tan mal. Siento que todo valió la pena cuando miro las sonrisas de mis nietos y la mirada calurosa de mis hijos o cuando mi esposo se acerca a mí y me abraza, queriendo calmar el vibrante frio que hace por estos días en la blanca Moscú”
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