martes, 7 de diciembre de 2010

Una en siete billones

¿Recuerdas esa noche en que hablamos que el corazón en realidad se rompe en mil pedazos, con una herida de amor? No te preocupes, no lo rompiste, él está roto desde hace rato, tu solo estabas pegando los pedazos, pero como una pirámide de naipes, volvió a caer y creo que esta vez ya no tiene arreglo.
Ha sido la noche más bonita de este año, en realidad la única. Desde que te conocí me flechaste con tu mirada y esa noche tenía unas ganas locas de besarte, pero tú eras un hombre distinto  y por eso tenía que portarme como una princesita y esperar a que tu dieras el primer paso; después de varias horas lo diste y fue un beso inesperado y mágico, dijiste que estabas temblando y yo te creí, dejando a un lado el frio de la noche.
Desde ese instante, cada noche siento tus labios rozando los míos, saboreándolos, dándoles un motivo para sonreír, pero ahora no los tendré más y solo quedarán guardados en el recuerdo; quizá en el futuro ni siquiera pueda describir las sensaciones que producías en mí y diré que  solo temblabas de frio aquella noche.
No querías perderme y te entiendo, después de que me voy nadie puede encontrarme, yo llevo años buscándome y espero hallarme antes de morir.
Quieres que te cuente un secreto, hace algunos años no era tan frágil, es más creo que era nociva para la salud de muchos, pero salía triunfante de cada guerra, con una sonrisa de oreja a oreja, con satisfacción y a veces con orgullo. Pero decidí cambiar, darle una oportunidad al amor, abrir mi corazón  y ya ves, no funciona…así que volveré a ser la que un día fui, si a veces no soy lo bastante buena para algunos y para los otros soy demasiado, prefiero  no ser y así evitarle más golpes al corazón.
Yo no te obligue a decidir nada, tú lo hiciste porque así lo sentías; el riesgo no es mucho, soy solo una persona más, de tantas que conocerás en el mundo, soy solo una entre siete billones.

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